domingo, 19 de enero de 2014

"Tocar" es un verbo falso

Ahora mismo podría preguntarte: “¿qué estás tocando con tus manos?” La respuesta más común seguramente sería que estás tocando el ratón del ordenador o cualquier otra cosa, pero lo cierto es que no estás tocando nada, nada está en contacto con nada.

Me podréis tildar de loco o de mentiroso, pero la física así lo explica. Quizá os haya cambiado la vida, quizá ya lo sabías, pero nunca está de más recordarlo para ver la belleza que conforma nuestro mundo y cuán lleno de misticismo se encuentra.

Todos sabemos que el mundo está hecho por materia, y a poco que sepamos de ciencia, sabremos que esa materia está conformada por átomos – aquellas partículas que antaño se creían indivisibles pero que hoy en día sabemos que no es así. Dichos átomos están formados en su núcleo por protones y neutrones, con carga positiva y neutra respectivamente. Pero lo que realmente nos interesa hoy son aquellas pequeñas y diminutas “bolitas”, cargadas negativamente, y que están dando vueltas al núcleo: los electrones.

 Los electrones se encuentran en la parte superficial del átomo y, por lo tanto, también lo están en la parte más exterior de todo lo que nos rodea. Y es aquí cuando viene lo curioso. De todos es sabido que dos cargas que sean iguales se repelen – véase los imanes – por lo tanto, si mi dedo envuelto de electrones entra “en contacto” con una mesa envuelta de electrones, ¿no deberían repelerse? Efectivamente. De hecho, eso es exactamente lo que ocurre. Entonces, ¿por qué sentimos al tocar? Sencillo.

Al intentar juntar dos cargas negativas – mi dedo y la mesa – se crea una fuerza eléctrica conocida como repulsión. Dicha repulsión crea una presión sobre las superficies, la cual es recogida por los nervios que tenemos en nuestro cuerpo, en este caso en los dedos, y esa información es enviada al cerebro en forma de impulso nervioso. Por último, nuestro gran operador central, el cerebro, se encarga de transformar esa información y hacernos creer que “estamos tocando la mesa”, cuando en realidad ningún átomo de nuestro cuerpo ha entrado en contacto con ningún átomo de la mesa.

Sé que a partir de ahora veréis el mundo con otros ojos. Quizá no, quizá no os importe en absoluto, pero lo cierto es que es uno de los conocimientos más curiosos que he adquirido a lo largo de los últimos años.

Con esto y con todas las últimas noticias sobre física nos percatamos de que todo lo que de pequeños creíamos, no es más que una burda mentira. ¿Nos despertaremos algún día de ella? Sinceramente, espero que no. Me encanta vivir en un mundo lleno de escepticismo.







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