miércoles, 13 de agosto de 2014

La lacra del siglo XXI

Crece cada día el número de adeptos a esa pseudociencia – aunque incluso me avergüence llamarla así – conocida como homeopatía. Dicen los "expertos homeópatas" que todos los que estamos en contra de esa medicina alternativa es porque no tenemos ni idea de la realidad de esta. Pues me van a disculpar ustedes, expertos de pacotilla, pero los que no tienen ni idea son ustedes.

La homeopatía es una "medicina" que consiste básicamente en agua con azúcar, sin embargo es capaz de remediar distintos males, ¿cómo? Bueno, digamos que juega con ventaja: los que la consumen ignoran qué es en realidad la homeopatía y cómo funciona.

El cómo funciona es muy simple: se coge una pequeña parte del agente infeccioso que se intenta curar y se introduce en noventa y nueve partes de agua y a continuación se agita. Tras esto, se coge una pequeña parte de ese nuevo contenido y se vuelve a introducir en noventa y nueve partes de agua; y así, continuamente hasta llegar a un contenido que nada tiene que ver con el inicial. Tras decenas y decenas de sacudidas e intercambios de frascos, el producto final no contiene nada del agente patógeno que se introducía al principio - creo que el señor Avogadro aquí tiene mucho que decir -. Lo único que tiene es agua, a la cual se le añaden diversos azúcares que desconozco. 

¿Cómo puede entonces defenderse la homeopatía si los propios creadores de esta dicen que el contenido es agua y que no hay rastro del agente infeccioso? Con el absurdo argumento de la "memoria del agua". Defienden que el agua, aunque ya no tenga presente dicho patógeno, recuerda que ha estado en contacto con él y que, por lo tanto, aunque ya no esté físicamente presente en esta, es capaz de seguir proporcionando el principio activo necesario gracias a esa memoria. Falso.

En ningún momento la homeopatía ha sido capaz de demostrar sus efectos, en ninguno. ¿Cómo puede entonces crecer el número de consumidores? Me repito con esto: por la ignorancia. Si además sumamos que nuestro meritísimo Ministerio de Sanidad la puso a la altura de otras medicinas convencionales, pues queda más bonito y creíble, ¿no? ¿Por qué lo hicieron? Porque la cantidad de dinero que mueve es brutal. Siempre se reduce a lo mismo.

Lo cierto es que en algunos casos, como en resfriados o cefaleas, sí se ha visto que hay una mejoría tras la ingesta de ciertos medicamentos homeopáticos, ¿cómo puede ser esto posible? El efecto placebo es la respuesta. Si el cerebro cree que estamos tomando algo que realmente nos va a ayudar, es capaz de engañarse a sí mismo y creerlo de verdad, consiguiendo así lo que deseamos: la cura.

Uno de los argumentos que los homeópatas utilizan con asiduidad es el de los animales. ¿Cómo pueden los animales sanar con medicamentos homeopáticos si ellos no son conscientes de que es homeopatía? Inútiles... Pongamos por ejemplo un perro que es llevado a un veterinario convencional, el de verdad, cada vez que tiene algún malestar. Este le administraría lo que fuese necesario y con ello el perro se recuperaría, ¿no? El perro entonces relacionaría la visita a ese veterinario con su sanación. Si lo llevamos a un veterinario homeópata ocurrirá lo mismo. El sabueso no es capaz de distinguir si es homeópata o no, lo único que sabe es que tras su visita a aquel lugar se recuperará. El efecto placebo también funciona en animales. ¿Recordamos a Pávlov? ¿Estímulo – respuesta? Un poco de cultura no les vendría mal a estos engañabobos.

No queremos falacias absurdas que intenten justificar un pseudomedicamento; no queremos una nueva legión de gente que ignora la realidad de la homeopatía, pero que se deja la vida defendiéndola cual cristiano su falsa religión; no queremos esas tonterías, queremos la verdad, queremos ciencia. Nunca olvidaré una entrevista que vi en televisión hace ya un tiempo en la que un activista contrario a la homeopatía se tomó en vivo y en directo cuarenta somníferos homeopáticos. ¿Qué le ocurrió? Absolutamente nada. Bueno sí, la boca se le quedó con un sabor dulce.

Ahora, si me disculpan, voy a tomarme un frasquito de agua con azúcar que vale cerca de quince euros porque me está empezando a doler la cabeza. Dios bendiga la homeopatía.

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