¿Os imagináis poder hablar con una persona que se
encuentra en otra galaxia - en el hipotético caso de que pudiéramos llegar allí
- al instante, sin tener que esperar años y años hasta que el mensaje llegue a
sus oídos y esperar más años todavía hasta que recibamos la contestación?
La física cuántica, más conocida como mecánica cuántica,
es un mundo de lo más extraño, un mundo donde todo lo racional desaparece,
donde toda lógica queda apartada por el más absoluto de los desconciertos, por
el peso aplastante de lo irracional.
Podría emplear cientos de miles de líneas para hablar de
esta parte de la física que aún está en pañales, pero solo me centraré en una
de los aspectos más extravagantes de esta.
Una de las cosas más fantásticas de esta teoría es el
conocido “entrelazamiento cuántico”. Dicho entrelazamiento nos explica que las
partículas nacen en parejas de dos y que son exactamente iguales. Cojamos una
de estas partículas y coloquémosla – simplemente por poner un ejemplo – en un
extremo de nuestra galaxia, y cojamos la otra y situémosla en el extremo
opuesto, quedando así separadas por millones de años luz de distancia. Es ahora
cuando viene lo increíble.
Imaginemos que ambas partículas son de color rojo y que
en un momento dado le cambiamos el color a una de ellas y la hacemos azul,
bien, pues inmediatamente la otra partícula, su “hermana”, cambiará de color
tal y como lo ha hecho su alter ego.
¿Cómo puede ser que cambie inmediatamente para adecuarse a la nueva situación?
¿Cómo ha podido viajar esa información de un extremo a otro de la galaxia
instantáneamente? Nada puede viajar más rápido que la luz, entonces, ¿cómo y
por qué ocurre esto?
Este es solo uno de los misterios que guarda en sus
entrañas la mecánica cuántica, uno de tantos, pero que, como todos los demás,
aún está sin resolver. Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la pregunta que
nos planteábamos al principio de este artículo? ¿Qué tendrá que ver el
entrelazamiento cuántico con las comunicaciones?
Hoy en día las comunicaciones en el espacio se ven
limitadas a velocidades que como máximo pueden llegar al 99,99 % de la
velocidad de la luz, pero jamás superándola. Con este entrelazamiento podríamos
comunicarnos con instantaneidad y sin romper esta regla absoluta de la física.
Podemos hacer que la información que emitimos desde un punto llegue a otro
inmediatamente, sin importar lo más mínimo la distancia a la que se encuentren
dichos puntos.

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