Como lo oyen. Las
"aburridas" y subestimadas matemáticas podrían ser una
opción más que viable para acabar con el maldito cáncer. Ahora ya
empiezan a despertar interés, ¿eh?
Para conocer cómo puede
ayudar la ciencia suprema primero tenemos que entender una cosilla.
Las células tumorales interaccionan entre sí – como cualquier
grupo de células, vaya – y estas se ayudan unas a otras a
sobrevivir, ¿cómo? Hay unas células que contienen mayor cantidad
de oxígeno y otras que poseen menos. Las que tienen menos oxígeno
obtienen la energía necesaria gracias a la glucosa y, tras un
proceso de "digestión" de esta, desprenden lactato. Las
que poseen más oxígeno emplean ese lactato desprendido por sus
hermanas para obtener energía y con ello liberan glucosa, que es
aprovechada por las otras. En fin, un círculo vicioso de ayuda no
deseada.
Este ir y venir de
productos químicos que las células tumorales se prestan unas a
otras es lo que las hace tan fuertes y les permite reproducirse con
una rapidez extrema. No es el único mecanismo por el cual tienen esa
facilidad de reproducción, ya que también podemos tener en cuenta
que los genes supresores de tumores – conocidos así porque reducen
el riesgo de que se produzca una anomalía en nuestras células –
pueden verse afectados y con ello aumentar dicha velocidad y
aparición, cosa que, aunque no nos concierne mucho aquí, siempre
viene bien saber para tener un poco más de culturilla general.
Tras varios estudios de
las "colonias tumorales" se ha visto que en determinados
momentos de la vida de estas células del demonio se producen
cambios. ¿Qué tipo de cambios? El más significativo y relevante
tratando este tema es el que determina que es hora de que las células
cambien su metabolismo, es decir, dejen de producir la energía
necesaria de la manera que antes lo hacían. Esto se debe a que las
células crecen, no solo en tamaño, sino también en número y en
ciertas ocasiones ocurre que pasan de ser compañeras a ser enemigas
y competir entre ellas.
Pero, ¿qué tiene que
ver todo esto con las matemáticas? Ardeshir Kianercy y Kenneth J.
Pienta, de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins en
Baltimore, Maryland, Estados Unidos, fueron quienes abrieron una
investigación prometedora y del todo curiosa.
Resulta que existe en
matemáticas una "Teoría de juegos", la cual estudia las
diferentes interacciones que pueden existir entre entes y toma de
estas una determinada decisión – lo que viene siendo observar,
vamos – que después se lleva a cabo. Pues esta parte de las
matemáticas se está aplicando muy continuadamente ahora en el mundo
de la biología.
Se utiliza esta teoría
para observar cuándo y cómo se producen esos cambios que antes
hemos mencionado en las interacciones entre células tumorales. ¿Y
para qué diantres sirve esto? Las células cancerosas son mucho más
vulnerables a los ataques por parte de los medicamentos anticáncer
en esos momentos, por lo que conocer cuándo se producen podría ser
crucial para la lucha contra el cáncer, pues podríamos frenar de
golpe el desarrollo masivo de las células ya afectadas y, con ello,
evitar una posible metástasis.
Quién nos iba a decir que esas malditas y no muy añoradas matemáticas - causantes de tantas noches de insomnio, dolores de cabeza y que han provocado que a "Dios" le piten los oídos de tantas veces que nos habremos acordado de él estudiándolas - iban a ser una de las soluciones para combatir una de las enfermedades más odiadas a día de hoy. Pequeños caprichos que se toma la vida.
Quién nos iba a decir que esas malditas y no muy añoradas matemáticas - causantes de tantas noches de insomnio, dolores de cabeza y que han provocado que a "Dios" le piten los oídos de tantas veces que nos habremos acordado de él estudiándolas - iban a ser una de las soluciones para combatir una de las enfermedades más odiadas a día de hoy. Pequeños caprichos que se toma la vida.

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