Ahora mismo podría
preguntarte: “¿qué estás tocando con tus manos?” La respuesta más común
seguramente sería que estás tocando el ratón del ordenador o cualquier otra
cosa, pero lo cierto es que no estás tocando nada, nada está en contacto con
nada.
Me podréis tildar de loco o de mentiroso, pero la física
así lo explica. Quizá os haya cambiado la vida, quizá ya lo sabías, pero nunca
está de más recordarlo para ver la belleza que conforma nuestro mundo y cuán
lleno de misticismo se encuentra.
Todos sabemos que el mundo está hecho por materia, y a
poco que sepamos de ciencia, sabremos que esa materia está conformada por
átomos – aquellas partículas que antaño se creían indivisibles pero que hoy en
día sabemos que no es así. Dichos átomos están formados en su núcleo por
protones y neutrones, con carga positiva y neutra respectivamente. Pero lo que
realmente nos interesa hoy son aquellas pequeñas y diminutas “bolitas”,
cargadas negativamente, y que están dando vueltas al núcleo: los electrones.
Los electrones se encuentran en la parte superficial del
átomo y, por lo tanto, también lo están en la parte más exterior de todo lo que
nos rodea. Y es aquí cuando viene lo curioso. De todos es sabido que dos cargas
que sean iguales se repelen – véase los imanes – por lo tanto, si mi dedo
envuelto de electrones entra “en contacto” con una mesa envuelta de electrones,
¿no deberían repelerse? Efectivamente. De hecho, eso es exactamente lo que
ocurre. Entonces, ¿por qué sentimos al tocar? Sencillo.
Al intentar juntar dos cargas negativas – mi dedo y la
mesa – se crea una fuerza eléctrica conocida como repulsión. Dicha repulsión
crea una presión sobre las superficies, la cual es recogida por los nervios que
tenemos en nuestro cuerpo, en este caso en los dedos, y esa información es
enviada al cerebro en forma de impulso nervioso. Por último, nuestro gran
operador central, el cerebro, se encarga de transformar esa información y
hacernos creer que “estamos tocando la mesa”, cuando en realidad ningún átomo
de nuestro cuerpo ha entrado en contacto con ningún átomo de la mesa.
Sé que a partir de ahora veréis el mundo con otros ojos.
Quizá no, quizá no os importe en absoluto, pero lo cierto es que es uno de los
conocimientos más curiosos que he adquirido a lo largo de los últimos años.

