A
día de hoy estoy más que convencido de que la mayoría de nosotros ha oído
alguna vez aquello de que “estamos hechos de polvo de estrellas”, o
simplemente, “somos polvo de estrellas”. Lo más maravilloso e increíble de todo
es que esta afirmación es completamente cierta, venimos de las estrellas.
Si alguien de los lectores nunca había oído esto, lo más
normal ahora mismo es que esté desconcertado e incluso, por qué no, dubitativo.
En el caso contrario, en el cual sí habían oído esta afirmación, lo más normal
es que estén esperando ansiosos saber el porqué.
Para saber el porqué de la enunciación de esta
afirmación, proveniente del mítico Carl Sagan, gran científico y pensador, es
necesario saber un poco de historia del universo. Tenemos que remontarnos
13.700 millones de años atrás, al momento de la creación del universo, mediante
el conocidísimo acontecimiento denominado Big
Bang.
En esta gran explosión sabemos que empezó todo, pero hay
que saber también, que en los primeros momentos del universo tan sólo había un
elemento existente, el más simple de todos, el hidrógeno. A partir de este
elemento se empezaron a formar los primeros cuerpos estelares, entre los cuales
destacaban, como no, las estrellas. Y es aquí donde nos metemos en el meollo
del asunto.
Las estrellas estaban formadas de hidrógeno, como bien
hemos dicho antes, y en su interior, mediante la fusión de sus átomos, se
formaba el segundo elemento más simple de la naturaleza, el helio. Tras el
helio, también se formaban átomos de carbono, e incluso también el oxígeno.
Cuando la estrella alcanzaba las temperaturas más elevadas, ya al final de su
vida, es cuando se formaban elementos más pesados, como el silicio, el níquel,
el magnesio, el azufre, etc. Llegado el momento, se formaba hierro, lo cual
significaba el final de la vida de la estrella, ya que este elemento tan pesado
no tiene cavidad en su interior y es el causante de su muerte.
Hay que saber que algunas estrellas, las que presentan
una masa bastante grande, son las que tienen una muerte violenta, a la vez que
bonita, lo que se conoce como supernova, la mayor explosión que puede verse en
el universo. Con ella, los materiales del interior de la estrella quedan
esparcidos por el cosmos, pudiendo formar en un futuro otras estrellas, u otros
cuerpos como por ejemplo los planetas. Estos nuevos cuerpos tendrían los
elementos que la estrella ha esparcido por el universo, por lo tanto, si se da
la casualidad de que en uno de esos planetas se dan las condiciones necesarias
para la vida, como ocurrió con nosotros, esos organismos tendrán en su interior
los materiales que de la estrella surgieron.
He aquí la razón por la que podemos decir que venimos de
las estrellas. Sabemos que en nuestro organismo presentamos elementos tales
como el silicio, el hierro, y demás, que hoy sabemos que provienen de la muerte
de una estrella. Así que sí, somos polvo de estrella, por lo que podríamos
decir que nuestro antepasado más antiguo fue una estrella, que habitaba sola, y
que un día simplemente decidió morir para darnos la vida.
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